PANTALLAS Y TECNOLOGÍA · SALAMANCA
Pantallas y tecnología en niños y adolescentes
Soy Marta López, doctora en Psicología y psicóloga general sanitaria en Salamanca. El móvil, los videojuegos y las redes no son el enemigo: el problema empieza cuando se comen el sueño, los estudios, los amigos o la calma. Te ayudo a distinguir un uso normal de uno que conviene revisar, y a poner límites que funcionen de verdad en casa.
Llevo años viendo en consulta la misma escena: familias agotadas de la pelea diaria por la hora del móvil, el videojuego que no se apaga, el hijo que se encierra con el teléfono. Y llegan con culpa, como si lo hubieran hecho mal. Casi nunca es eso.
La tecnología forma parte de la vida de tus hijos, y va a seguir estando. La pregunta útil no es "¿cuántas horas?". Es qué deja de hacer por estar conectado y cómo se pone cuando no puede estarlo. Ahí trabajo yo.
Cuándo conviene pedir cita
No todo uso intenso es un problema. Estas son las señales que sí merecen una valoración:
- Pierde horas de sueño por quedarse con el móvil o la consola.
- Reacciona con rabia desproporcionada cuando le pides que lo deje.
- Ha ido dejando a los amigos, el deporte o aficiones que antes le gustaban.
- Las notas han caído y le cuesta concentrarse para estudiar.
- Esconde el tiempo que pasa conectado o lo usa a escondidas.
- Recurre a las pantallas sobre todo para evadirse cuando está triste o nervioso.
Si reconoces tres o cuatro, no es para alarmarse. Pero sí para mirarlo con calma. Y cuanto antes, más fácil.
Lo que el uso de pantallas no siempre es
Hay mucho ruido y poca evidencia alrededor de este tema. Conviene matizar.
No todo el tiempo de pantalla es igual
No es lo mismo una videollamada con la abuela, un trabajo del colegio o ver vídeos sin parar a la una de la madrugada. El contador de horas, solo, dice poco.
Los videojuegos no son el demonio
Para muchos chavales son su forma de quedar con los amigos y de desconectar. Jugar no es el problema. El problema es cuando el juego tapa otra cosa.
"Adicción" es una palabra que se usa demasiado a la ligera
El uso problemático existe y se puede trabajar. Colgarle una etiqueta que no toca no ayuda; a veces solo asusta sin motivo.
Cómo trabajo
Primero entender, después actuar. Empiezo con una evaluación: qué uso hace, qué función cumple para él o ella, qué pasa en casa y en el colegio. Con eso sobre la mesa, montamos un plan concreto.
Trabajo en dos frentes a la vez. Con tu hijo o hija, para recuperar el sueño, la atención y otras maneras de pasarlo bien. Y contigo, porque los límites que aguantan se sostienen en casa, no en mi consulta. Nada de retirar el móvil de un día para otro ni de sermones: acuerdos claros, realistas y que se puedan revisar.
El enfoque cambia con la edad: no es lo mismo un niño de ocho años que un adolescente de quince. Lo adapto a cada caso, tanto en psicología infantil como con adolescentes.
Con base científica
Para mí esto no es un tema más. Investigo cómo el uso de redes y tecnología se relaciona con la regulación emocional y la vulnerabilidad en la adolescencia, y ahora mismo tengo dos revisiones en marcha sobre ello. Lo que aplico en consulta sale de esa literatura, no de los titulares. Puedes ver en qué ando en Investigación y publicaciones.
Preguntas frecuentes
¿A qué edad le doy el primer móvil?
No hay una cifra mágica, pero cuanto más se retrase el smartphone con acceso libre a internet y redes, mejor; bastantes guías sitúan las redes hacia los 14-16 años. Más que la edad importa para qué lo quiere, qué acompañamiento va a tener y si en casa hay normas claras desde el principio. Un primer teléfono puede ser solo para llamar.
¿Cuántas horas de pantalla son demasiadas?
Depende de la edad y, sobre todo, de qué desplaza ese tiempo. Si duerme bien, rinde, ve a sus amigos y tiene planes lejos de la pantalla, unas horas no son el fin del mundo. Si las pantallas se comen el sueño o el estudio, sobran aunque parezcan pocas.
¿Mi hijo es adicto al móvil?
Casi siempre la expresión correcta es "uso problemático", no "adicción". Y, lo llamemos como lo llamemos, se evalúa y se trabaja. En la primera cita lo miramos sin etiquetas precipitadas.
¿Hay que quitarle las pantallas del todo?
Casi nunca. Prohibir a secas suele salir caro: peleas, mentiras y un chaval que aprende a usarlas a escondidas. Funciona mejor enseñar a usarlas bien y recuperar lo que se había quedado por el camino.
¿Hablamos de cómo usa las pantallas?
Una primera cita para verlo con calma, sin alarmismo y con un plan que puedas sostener en casa.
¿Y si aún no es momento de consulta?
Hay familias que no necesitan un tratamiento: necesitan un plan y saber qué mirar. Para ellas preparé un cuaderno descargable con lo que trabajo en las primeras sesiones (la cuenta de sueño por edades, el plan de pantallas de 6 a 16 años y el acuerdo familiar para firmar y colgar en la nevera), ordenado en tres semanas de quince minutos al día.
No sustituye una valoración. Pero si lo que hay en casa es desorden y cansancio, y no un problema clínico, es por donde yo empezaría. Ver los materiales para familias.
